Uno de los retos más interesantes en proyectos de cocinas no siempre está dentro de la cocina. En este caso, trabajamos en la instalación de un sistema de extracción en el área de pérgola del Club Campestre San Isidro, un espacio abierto pero con alta exposición visual, donde cada detalle cuenta.
El principal reto no fue únicamente funcional, sino estético. A diferencia de una cocina tradicional donde los ductos pueden pasar desapercibidos, aquí el sistema quedaba completamente a la vista. Además, se trataba de una instalación de gran tamaño, con una campana de 4 metros de largo que debía integrarse correctamente en el espacio sin afectar la experiencia visual del lugar. A esto se sumó la coordinación con otros involucrados en el proyecto, especialmente el arquitecto, con quien ya habíamos trabajado anteriormente y que fue clave para alinear criterios desde el inicio.
La solución fue abordar el proyecto desde dos frentes: funcionalidad y diseño. Se instaló una campana en acero inoxidable equipada con iluminación y filtros adecuados para asegurar una correcta extracción. Sin embargo, lo que realmente marcó la diferencia fue la decisión de fabricar todo el ducto en acero inoxidable. Aunque esto representó un costo mayor comparado con soluciones tradicionales, permitió mantener una estética limpia y acorde al entorno del club, evitando elementos que rompieran con el diseño del espacio.
El trabajo en conjunto con el arquitecto facilitó la ejecución, ya que permitió anticipar detalles y tomar decisiones más rápidas en obra. Esto fue clave para lograr una instalación precisa, considerando medidas, alineaciones y acabados visibles.
El resultado fue un sistema de extracción completamente funcional, pero también visualmente integrado al espacio. Este tipo de proyectos demuestran que en cocinas industriales no solo se trata de cumplir con lo técnico, sino de adaptarse a las condiciones reales del entorno y aportar soluciones que equilibren operación y diseño.